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3.21.- Plan de gestión de riesgos. Cómo afrontarlos.

Imagen con dos dianas, una dice problema y otra solución en inglés.

Continuemos analizando como elaborar el Plan de gestión de riesgos. El siguiente punto sería:

  1. Determinar cómo afrontar cada riesgo. Podemos:

    1. Admitirlo sin más. Sería la respuesta para riesgos de consecuencias muy pequeñas.

    2. Mitigar el impacto. Si prevemos que un equipo no tiene la experiencia necesaria para desarrollar su trabajo, podemos anticiparnos preparando un curso de formación.

    3. Pasar el riesgo a otro responsable. Es el típico caso de la contratación de seguros, para que sea una empresa del ramo la que se encargue de los costes que se produzcan..

    4. Disponer fondos de contingencia. Incluir en el presupuesto un importe para ser usado con los gastos que no hayamos podido prever. La experiencia puede ayudar a determinar la cuantía de esos fondos. Hay que decir que ya la prudencia habrá dictado que las partidas presupuestarias se hagan con un margen de variación al alza. En obras constructivas no es un disparate contar siempre con un 5 o 10% de desviación. Pero además podemos determinar la posibilidad de que se produzca esa desviación si tenemos experiencia con anteriores proyectos.

Ejercicio resuelto

Si de los últimos proyectos de reformas constructivas se produjeron aumentos de un 8 % de media en 3 de los 4 proyectos (un 75 % de ellos), ¿cómo calculo el fondo de contingencia que aportaré para cubrir el riesgo de esta tarea?

Finalmente hay que decir que los riesgos de un proyecto van variando conforme avanza el mismo. Continuamente tendremos que evaluar qué riesgos han pasado y cuáles han surgido. Además, es buena práctica incluir en las distintas reuniones que tendremos con las partes interesadas en los hitos del proyecto o en otras ocasiones el plan de gestión de riesgos y su seguimiento.

Autoevaluación

Pregunta

¿Qué opciones tenemos para afrontar un riesgo, una vez producido?

Respuestas

Dejarlo reflejado en un papel.

Usar un seguro que lo cubra que se haya contratado en la previsión.

Llorar en el hombro de nuestro directivo más allegado.

Tener un fondo de contingencia previsto para cubrir sus costes.

Retroalimentación