Llamamos alcance del
proyecto (scope, en inglés)
a la delimitación que van a tener los resultados del proyecto.
Queremos saber lo que el proyecto va a hacer, pero también lo que
NO va a hacer.
Dentro de nuestra planificación vamos a incluir un documento que puede resumirse en una o varias páginas con dos apartados:
- Alcance incluido.
- Alcance excluido.
Queremos delimitar muy claramente hasta dónde va a llegar nuestro proyecto. Cuando se inicia un proyecto y, en particular, uno como el que hemos enunciado en el caso práctico, que envuelven instalaciones y construcciones, no es inusual que se den los "yaques". "Ya que" estamos aquí, ¿por qué no hacemos esto o aquello? "Ya que" está aquí el carpintero para poner estos separadores, ¿por qué no le decimos que nos arregle las mesas que tenemos con los cajones rotos? "Ya que" están los instaladores de redes tirando cables, ¿por qué no les decimos que cambien las regletas que están descolgadas en la planta de arriba?
Los "yaques" no están incluidos en el presupuesto del proyecto, por lo que se encuentran fuera del alcance del mismo. Si no ponemos una valla, por decirlo así, hasta dónde va a llegar nuestro proyecto, luego vendrán las lamentaciones por el retraso en el cronograma y los excesos presupuestarios.
Todo el equipo del proyecto y demás partes interesadas deben saber que este proyecto fue aprobado para llegar hasta una serie de resultados, y NO llegar hasta otros no contemplados.
El cliente, que tiene que financiar el proyecto, sabrá si merece la pena hacerlo o no con la ayuda del alcance. "Yo pensaba que incluía..." no servirá nada más que para generar descontento.